Beatriz Busaniche

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Ver el bosque: algunos aportes para entender la verdadera crisis del campo

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Cito aquí una parte particularmente interesante del artículo Ver el bosque. Algunos aportes para entender la verdadera crísis del “campo” de Carlos Vicente, miembro argentino de GRAIN. Este es mi pequeño recorte, pero leanlo completo porque es más que ilustrativo y vale la pena…

[...] Fue a mediados de la década del 90 cuando el gobierno menemista, de la mano del entonces Secretario de Agricultura Felipé Solá, autorizó el cultivo de la soja transgénica en Argentina. A partir de allí, en un crecimiento nunca antes registrado en la historia de la agricultura mundial, la soja transgénica comenzó a invadir nuestra tierra para llegar a ocupar hoy más del 50% de la superficie agrícola.

La imposición de este modelo sin ningún tipo de regulación gubernamental abrió las puertas para lo que acertadamente algunos investigadores dieron en llamar “una maquinaria de hambre, deforestación y devastación socioecológica” (Pengue y Altieri, 1) en la que la destrucción de hábitats, la pérdida de bosque nativo, la invasión de transgénicos, el monocultivo, la contaminación ambiental, el desplazamiento de producciones regionales, la concentración de la tierra y el desplazamiento de la población rural formaron un combo explosivo del que todos los argentinos pagaremos las cosnsecuencias.

Abordemos solamente uno de los impactos de este modelo: la situación de nuestro suelos. Es absolutamente imprescindible tomar conciencia de que con las exportaciones de soja lo que estamos haciendo es vender uno de los más ricos de los recursos naturales que poseemos los argentinos que es nuestro suelo. La brutal extracción de nutrientes que se realiza en las 17.000.000 de hectáreas de soja y que parten hacia China o la Unión Europea para engordar su ganado va desangrando nuestro territorio dejando tierra rasa para las futuras generaciones.

No en vano el Gobierno Nacional anunció junto al aumento de las retenciones un plan de apoyo para la fertilización agrícola. Lo que el gobierno no comprende es que no hay ningún tipo de fertilización a gran escala que pueda devolver la vida a un suelo que ha sido esquilmado de la manera en que se lo está haciendo.

Pero por otra parte este suelo no es “propiedad” de los propietarios de la tierra, sino que, como recurso natural y tal como lo plantea la Constitución Argentina en su reforma de 1994, es un patrimonio de todos los argentinos. Vale la pena recordar su artículo 41: “Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras, y tienen el deber de preservarlo….. Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservacion del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales”.

Por otro lado la misma Constitución plantea en su artículo 17 el reconocimiento de “la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos” y allí se compromete a “Garantizar el respeto a su identidad …. y Asegurar su participacion en la gestion referida a sus recursos naturales y a los demas intereses que los afecten”.

Ninguna de estas obligaciones ha sido cumplida hasta ahora por el Estado Argentino y esta es una de las principales deudas internas tanto con el total de la sociedad como con los pueblos indígenas. Tampoco ninguna de las entidades rurales que hoy protestan ha hecho absolutamente nada en resguardo de estos bienes comunes. Todo lo contrario: cada productor ha avanzado hasta donde pudo (incluyendo banquinas) con el desierto verde de la soja. [...]

Written by Bea

abril 9th, 2008 at 2:21 am

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